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El Centro de Reproducción Humana, Biogest, ubicado en Reus, especialista en reproducción asistida ha incrementado en un 10% más sus resultados de éxito en el proceso de fecundación in vitro y tratamientos de ovodonación, dando lugar a los embarazos buscados, gracias a un nuevo sistema de incubación.

EMBRYOSCOPE

Desde hace dos años y medio, Biogest cuenta con un incubadora con tecnología time-lapse, el Embryoscope, un avanzado sistema de incubación que lleva incorporado un procedimiento de captación de imágenes, gracias al cual se puede observar la evolución de los embriones fertilizados en el laboratorio, paso a paso, con visiones muy frecuentes que permiten conocer su dinamismo. De este modo, al observar cómo se va dividiendo el embrión en cada momento, “tenemos más información para hacer la selección del mejor embrión para transferirlo al útero materno” destaca el Director de la Clínica de Reproducción, Dr. Jordi Aragonés.

Ahora, con la experiencia de los dos años y medio utilizando esta tecnología en la Clínica, a través de todos los resultados y embarazos conseguidos, Biogest ha comprobado que gracias a Embryoscope ha producido un incremento de un 10% más de casos de éxito. De este modo, se pasa a tener un 43% de casos de éxito en la fecundación in vitro y un 60% en los tratamientos de ovodonación, que aún puede incrementarse más según la edad de la paciente.

Una de las otras ventajas de este nuevo proceso de incubación es que esta tecnología facilita la revisión de los embriones sin que se tengan que sacar de la incubadora para observarlos y, por tanto, estos siempre se mantienen en las mejores condiciones y sin cambios de temperatura.

Especialistas en reproducción asistida, inseminación artificial, fecundación in vitro y tratamientos de ovodonación, Biogest, con más de 13 años de funcionamiento, ha ayudado a concebir a más de 14.000 pacientes.

No es lo más habitual pero en esta ocasión, los profesionales del Centro de reproducción humana Biogest, se han encontrado ante un caso extraordinario.

Carlos y Sara se conocieron hace poco más de 3 años. Se enamoraron enseguida y al cabo de unos meses, decidieron que querían emprender su vida en pareja y de hecho, están viviendo la culminación de la su felicidad con el reciente embarazo de  Sara.  Hasta aquí y aparentemente, se trata del relato de una pareja como tantas otras.  Ahora bien, esta parella tiene un hecho diferencial que la distingue del resto y es que cuando se conocieron, Carlos se llamaba Carla y su físico, era el de una mujer.  No así su componente mental, que siempre se había identificado como un hombre: un hombre con cuerpo de mujer.

Así pues, cuando Sara conoció a su actual pareja, ya sabía y asumía que con un complejo tratamiento hormonal y un proceso que requería una gran atención médica, Carla iría convirtiéndose en Carlos, primero físicamente y después legalmente y de hecho, el día que la pareja se casó, los contrayentes fueron Sara y Carlos.

Un proceso complejo

Desde el punto de vista médico, el procedimiento de cambio de sexo resulta más fácil partiendo de un hombre que se ha de convertir en mujer, que no al revés.  Aún así para que este cambio se produzca con todas las garantías y sea definitivo, es imprescindible que la persona que quiere cambiar de sexo se someta a un tratamiento que se inicia con una fuerte hormonación con testosterona. Carlos también se ha sometido a diversas intervenciones quirúrgicas en las que se le ha practicado una mastectomía subcutánea, una histerectomía total más una anexectomía.

Con la mastectomía se le retiraron las glándulas mamarias, conservando pero, la piel del pecho, la aureola y el pezón.

En la histerectomía con anextectomía se le extrajeron el útero y todos los anexos uterinos, es decir, los ovarios y las trompas de Falopio. Con estas intervenciones, pues, Carlos, en su faceta femenina, dejó de menstruar y en teoría, de tener la posibilidad de tener hijos biológicos.

Así mismo, la práctica supera la teoría y mediante la aplicación de las técnicas y tratamientos nombrados, Carlos dejó a Carla atrás, pero antes, aún quiso llevar a cabo una acción médica más.

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 Sin necesidad de renunciar a nada

Aunque en su faceta masculina Carlos no puede tener un embarazo ni fecundar a su pareja, antes de someterse a todas estas intervenciones quirúrgicas Carlos ha querido tener un hijo biológico y por tanto, no ha querido renunciar a esta maternidad-paternidad.  Si no fuese por las modernas técnicas de fecundación, esta posibilidad le hubiera sido completamente negada.

En un momento determinado, el equipo médico de Biogest suspendió con testosterona el tratamiento que estaba siguiendo Carlos, y cambiando de hormona, le estimularon los ovarios para obtener y preservar, algunos de sus óvulos.

Así que con una sola punción, los profesionales médicos le extrajeron a Carlos un total de 17 óvulos, de los cuales 10 se microinyectaron con esperma proveniente de un banco de donantes.  Estos 10 óvulos fecundados in vitro produjeron 6 embriones, 4 de los cuales se congelaron y los otros dos se implantaron en el útero de Sara, la cual, está llevando a término un embarazo completamente normal, de una criatura que nacerá el próximo mes de septiembre. La criatura que nacerá es biológicamente de Carlos y de un donante y es Sara quien está llevando a cabo la gestación y tendrá  su parto de aquí a pocos meses.

Un asunto de pareja

Carlos y Sara son una pareja más, una entre millones, felices y esperanzadas delante de las novedades que tendrán de cara al próximo otoño. Quien no los conozca nunca sabrá los entresijos de su vida y lo que han tenido de pasar para llegar a conseguir su actual felicidad.

La ciencia está al servicio de las personas y aunque médicamente nos queda mucho por saber, por descubrir y por aplicar, las técnicas y los profesionales que trabajan hoy en día, tienen en sus manos la consecución de estos pequeños o grandes milagros y miran siempre por la salud física y emocional de las personas que se les acercan.

Fuente: El Mundo.es

Un análisis desvela porqué algunos varones con semen normal no pueden concebir

Un 15% de los casos de infertilidad es de origen desconocido. Así, los especialistas en reproducción asistida aplican a estos pacientes las técnicas conocidas sin saber muy cuáles y por qué van a funcionar. Ahora, un trabajo publicado en ‘Human Reproduction’revela que un semen con calidad normal puede ser incapaz de fecundar al óvulo, al presentar una huella génica determinada, identificada por los especialistas del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) y de la Fundació Puigvert.

El trabajo, coordinado por la investigadora del grupo de Genética Molecular Humana del IDIBELL Sara Larriba, y el médico del servicio de Andrología de la Fundació Puigvert, Lluís Bassas, no sólo abre la puerta para avanzar en el conocimiento de las causas de infertilidad de origen hasta ahora desconocido, sino también a desarrollar un test genético adicional (más allá del análisis clásico bajo el microscopio) para identificar individuos de fertilidad baja, a pesar de tener valores seminales normales.

Esto no sólo valdría para las parejas que buscan ayuda para tener hijos, sino también para mejorar las tasas de éxito con donantes de semen, a los que se podría realizar también la prueba genética.

El trabajo comparó la eficiencia diagnóstica de fecundidad del esperma utilizando los dos parámetros de evaluación: el que se realiza habitualmente y el nuevo que mide el patrón de expresión del ácido ribonucleico (ARN).

El esperma analizado procedía de muestras de 68 donantes solteros, jóvenes y sanos, de los que a priori no se conocía su fecundidad real.

Los investigadores analizaron el perfil de expresión de 85 genes en el semen de donantes con diferentes tasas de embarazo producto de inseminaciones intrauterinas. La selección de estos 85 genes se realizó a partir de una huella de ARN de hombres fértiles normales ya establecida en investigaciones anteriores. A partir de este análisis, se encontraron diferencias significativas en la expresión de ocho genes individuales entre las muestras con peores y mejores tasas de embarazo.

Partiendo de esta base, se halló que combinando los resultados de la expresión de cuatro de estos genes se obtenía una sensibilidad mucho mayor que con el análisis clásico de semen (82% frente a 23%) para reconocer a los individuos subfértiles. El modelo fue validado en una muestra independiente de donantes.

 

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